La Nueva Coyuntura Económica Mundial del Siglo XXI, Un Nuevo Marco Socioeconómico

Artículo publicado en www.Eldiario.es  .16 Julio de 2014

Entre 1960 y 2011, la población mundial ha pasado de 3,1 mil millones a 7 mil millones de habitantes, la perspectivas de la Organización de las Naciones Unidas en su informe World Population Prospects sobre el estado de la población mundial, es que en 50 años más la población mundial superará los 10 mil millones de habitantes. De manera paralela a la población ha crecido también la demanda de bienes y servicios, motivada además por un cambio en los patrones de consumo. Sólo hay que pensar en cuál era nuestra cesta de consumo en los años sesenta y setenta, y cuál es ahora. Para muchos países bienes y servicios que hace cincuenta años no formaban parte de la cesta de la compra, ahora se califican como de primera necesidad.
La calificación de bienes necesarios depende también del país en el que nos encontremos. Por ejemplo como referencia, según datos del Banco Mundial, en países como Malawi, República Democrática del Congo, Burkina Faso, Madagascar, Uganda o Etiopía, menos de un veinticinco por ciento de la población tiene acceso a la electricidad. En países como Haití, Sudán Eritrea, Camboya, Zimbawe, Angola, Yemen o Nigeria el porcentaje no alcanza el cincuenta por ciento. En países como India, Indonesia, Nicaragua, Guatemala, Sudáfrica, Filipinas, Senegal, entorno al quince, treinta por ciento de la población no tiene acceso a esta fuente de energía.
En contraposición, en los países más desarrollados estos patrones ha llevado a una parte de la población a situaciones extremas con la adquisición de bienes que nunca utilizará. En ocasiones se adquieren bienes que cubren necesidades creadas artificialmente por las políticas de marketing de las empresas. En otros casos, se renueva bienes injustificadamente, de nuevo por una cuestión de imagen. Muchos se adquieren bienes que ofrecen prestaciones que nunca se utilizarán. En definitiva, en los países más desarrollados una parte de la población en algún momento cae en la trampa del derroche de recursos.
Es importante entender que cualquier bien o servicio tiene una traducción en recursos que son obtenidos de la naturaleza. De esta manera, la adquisición de cualquier tipo de bienes y servicios implica la obtención y consumo de recursos naturales que serán empleados en su producción y en el tratamiento de los desechos generan. Algunos de estos recursos naturales son renovables, otros no. Los renovables los reproduce la naturaleza, siempre que para su obtención y consumo se respete la tasa de regeneración biológica. Por ejemplo, puede regenerase un bosque, o un banco pesquero si cortan los árboles y se pesca de manera sostenible. El viento y el sol también son fuentes de recursos renovables, en este caso infinitos.
Sin embargo, la mayoría de los recursos naturales empleados en la producción de bienes y servicios, y en el tratamiento de los residuos generados, no son renovables. Se encuentran depositados en algún lugar del planeta, y una vez sean extraídos en su totalidad, simplemente se agotarán, o al menos dejará de ser rentable su extracción. El caso del petróleo es muy particular, la presencia en los procesos productivos de cualquier bien o servicio, y en general en nuestra vida diaria es muy alta, y la posibilidad de sustitución baja. Aunque la tecnología ha avanzado para generar procesos productivos más eficientes que elevan la producción de bienes y servicios con la misma cantidad de factores productivos, el aumento de la población, por un lado, y, los patrones de consumo de los países más desarrollados por otro, ha elevado considerablemente la demanda mundial de recursos naturales.
Un grupo de científicos ha definido La Huella Ecológica como la cantidad de recursos necesarios para cubrir la demanda de bienes y servicios de un individuo, y para absorber los desechos generados con su consumo, usando como base la tecnología actual. Por otro lado, la Biocapacidad de un país se define como su capacidad en función de la tecnología actual para producir bienes y servicios y para absorber sus desechos. La unidad de medida de la Huella Ecológica per cápita es el número de hectáreas que necesita un individuo para mantener su nivel de consumo actual, tanto para la producción de los bienes y servicios que consume, como para el tratamiento de los desechos que genera. La Biocapacidad per cápita mide el número de hectáreas que le corresponde para este fin.
A principio de los sesenta cada habitante del planeta disponía de una biocapacidad media de 3,7 hectáreas. El aumento de la población mundial y el agotamiento de algunas fuentes de recursos renovables y no renovables ha reducido la biocopacidad per cápita a 1,8 en el 2007. En cambio, la huella ecológica media del planeta, a pesar de las mejoras tecnológicas y a consecuencia del cambio en las pautas de consumo, ha aumentado de 2,4 en el año 1961 hasta 2,7 en el año 2007 (www.footprintnetwork.org). Esto quiere decir que en 2007 el planeta tenía un déficit ecológico (diferencia entre la biocapacidad y la huella ecológica) de -0,9. Es decir, en términos medios harían falta 0,9 hectáreas más por habitante para cubrir la demanda de bienes y servicios del planeta y tratar sus residuos. Algunos países como Estados Unidos con un déficit ecológico de -4,1 necesitan salirse de sus fronteras para poder mantener su nivel de consumo. Lo mismo ocurre con Reino Unido (-3,6), Alemania (-3,2), España (-3,8), Japón (-4,1), Corea del Sur (-4,5), China (-1,2) y una muy larga lista de países desarrollados. Sólo unos pocos países como Brasil y otros países sudamericanos, Rusia, Australia, Finlandia, Canadá, o la República Democrática del Congo y algunos de sus vecinos africanos aportan positivamente al consumo mundial de recursos naturales.
Esto implica en primer lugar, que una parte de la población mundial que principalmente reside en los países desarrollados está consumiendo los recursos que le corresponden, por paridad y también por frontera política, a una parte de la población que vive en algunos países menos desarrollados. En segundo lugar, la población actual del planeta consume recursos renovables y no renovables a un ritmo que no les corresponde y que generará irremediablemente escasez para las generaciones futuras. El nivel de consumo actual no sólo supone el agotamiento de los yacimientos como por ejemplo, el petróleo, sino que además generan un deterioro en muchos casos no recuperables de recursos renovables como por ejemplo los bancos pesqueros, los bosques, etc. El alto consumo de recursos está generando además importantes cambios en el clima que acentúan esa pérdida.
Algunos de estos países no han experimentado la crisis económica de este siglo y, han crecido, y siguen creciendo, a tasas importantes. Son los emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, conocidos como países BRICS. En el caso de China, por ejemplo ha tenido durante más de veinte años entre 1990 y 2012 una tasa de crecimiento medio de su PIB superior al 10% (datos del Banco Mundial). Se trata de países con importantes recursos naturales, pero sobre todo con una población alta. Juntos sumaban en 2013 algo más de 3000 millones de habitantes lo que supondrá, sin duda cuando alcancen el nivel de consumo medio de los países desarrollados, un nuevo orden socioeconómico mundial. Los países desarrollados juntos sólo suman 900 millones de habitantes.
Dentro de un mismo Estado, el patrón derivado del déficit ecológico es el mismo, y tanto en países pobres como en países ricos se está produciendo una concentración de la riqueza. En España por ejemplo, Según la encuesta financiera de las familias elaborada por el Banco de España entre 2008 y 2011 la mediana (es decir el punto medio) de la renta de las familias en España se ha reducido un 8,6%, entorno a 2.400 euros menos al año. En 2012 la cifra de desempleo alcanzó el 26% (6 millones de personas) frente al 13,9% de finales de 2008. Según Eurostat, nuestro país presenta el peor índice de concentración de la riqueza dentro de la Unión Europea situándose sólo por detrás de Letonia. La investigación de los americanos Mishel y Gee ha revelado que en los últimos 50 años en estados Unidos el salario medio en términos reales ha aumentado sólo un 4%, mientras que el salario de los trabajadores con renta más alta se ha duplicado, y triplicado en el caso del 0,1% por ciento de la población con mayor retribución.
Algunos científicos y economistas se plantean cuestiones como: ¿es el planeta es capaz de soportar ese aumento creciente de la demanda de recursos naturales. ¿Existe paridad en el consumo de recursos del planeta?¿Cómo se está distribuyendo el consumo mundial de recursos naturales?¿Qué factores condicionan el consumo de recursos naturales de la población mundial?¿Son sólo países ricos los que más consumen recursos naturales?¿Están los países ricos depredando los recursos de los pobres?¿Qué futuro espera a las próximas generaciones?¿Pueden los estados hacer frente a la demanda de sus ciudadanos actuales con sus propios recursos?¿Qué pueden hacer los gobiernos para evitar un empobrecimiento de su población y mejorar su bienestar? En definitiva, ¿estamos ante un nuevo marco socioeconómico mundial?
Estas preguntas tratarán serán contestadas en el curso La Nueva Coyuntura Económica Mundial del Siglo XXI, un Nuevo Marco Socioeconómico de la Universidad de Verano de Maspalomas 2014 (http://www.universidadveranomaspalomas.org/materias/detalle/402).

Realmente vivimos una crisis o un cambio de modelo, ¿qué opciones tiene España?

Artículo publicado en http://www.CanariasAhora.com  23 Enero 2012

El consumo de bienes y recursos lleva aparejado la generación de energía, por diferentes motivos: para la obtención de los recursos de la naturaleza, para su transformación, para su transporte, para su comercialización e incluso para su consumo. La emisión de CO2 puede ser utilizada como una aproximación de la utilización de energía, y del consumo de recursos naturales. Según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (www.iea.org) en el 2009 dos tercios de la emisión de CO2 fueron responsabilidad sólo de diez países en este orden: China, EEUU, India, Rusia, Japón, Alemania, Irán, Canadá, Corea y Reino Unido, que en conjunto representan sólo un 45% de la población mundial. El caso de EEUU es destacado, con un 5% de la población mundial fue responsable del 18% de las emisiones de CO2. China con un 20% de la población total generó un 22% de la emisiones. En contraste, India con un 17% de la población mundial aportó un 5% de la emisión de CO2. Por sectores, la producción de energía eléctrica y calefacción son los responsables del 41% de las emisiones, el transporte el 23% y la industria el 20%. En España las fuentes renovables aportaron el 11,3% de la energía, la nucleares el 12,2%, el gas y el petróleo el 70,8%, finalmente el carbón aporta algo más del 6%.

La previsión de la Agencia Internacional de la Energía es que la demanda mundial de energía aumente hasta un 36% entre 2008 y 2035. Este crecimiento estará concentrado en un 93% en países no miembros de la OCDE, liderados fundamentalmente por China e India. En el caso de China, mientras que en el año 2000 su consumo de energía primaria era la mitad que la de Estados Unidos, ya en el 2009 su demanda superó a la americana. Para entender el alcance que esto puede tener y las consecuencias sociopolíticas hay que tener en cuenta que la población de China es de 1339 millones de habitantes muy superior a la de Estados Unidos (308 millones de habitantes), y la de la Unión Europea (501 millones de habitantes) juntos.

Estos datos muestran cómo se concentra el consumo de recursos naturales en nuestro planeta, y pone de manifiesto como la población de los países más ricos consumen los recursos de los más pobres, de manera insolidaria empleándolos en la satisfacción de necesidades no indispensables para la vida. La cuestión es que a este ritmo de crecimiento no hay recursos suficientes para todos en el planeta, pero no parece que el modelo vaya a cambiar. Por tanto, ¿cómo se ubicaran las intenciones de consumo de los nuevos países emergentes? La respuesta es que no hay normas que ordenen estas intenciones, tampoco es posible imponerlas. La realidad es que tampoco existen los derechos adquiridos para acceder al banquete de la distribución de la riqueza mundial, por lo que es posible que algunos países tengan pierdan su posición actual a favor de algunos emergentes.

La globalización implica apertura de mercados. Las economías abiertas aportan bienestar porque permiten aprovechar las ventajas comparativas de algunas economías en la producción de bienes y servicios. Sin embargo, lo que para algunos países puede resultar una gran ventaja porque se les abre nuevos mercados, para otros es una amenaza debido a que sus productos son poco competitivos en calidad y costes de producción. Básicamente hay tres tipos de modelos que permiten a los países generar poder adquisitivo para adquirir recursos, bienes y servicios en el mercado internacional. En primer lugar, se puede llegar a ser una economía con ventaja comparativa si se dispone de factores productivos baratos que permita vender sus productos en el mercado internacional a precios más bajos, y que atraiga inversiones internacionales. Es el caso por ejemplo, de algunos países asiáticos que se han beneficiado de disponer de una mano de obra barata. Una segunda opción es la capacidad de innovación. Los países más innovadores ganan ventaja comparativa y consiguen vender sus productos ofreciendo más calidad, se aprovechan de la reserva de mercados derivadas de sus patentes, y también tienen la posibilidad de ofrecer precios más bajos, si la innovación conduce a mejorar la productividad. Es el caso de los países más desarrollados como Alemania, Japón, Estados Unidos. Progresivamente China también se une a este tren. La innovación en la producción y utilización de la energía también reduce sus necesidades de recursos energéticos para abastecerse y por tanto abarata los procesos productivos. Finalmente, los países que posean los recursos naturales, adquieren la capacidad de compra con su venta, necesaria para emplearla en el mercado internacional de bienes y servicios. Es el caso de países como Noruega, o los estados productores de petróleo.

Mientras no haya un cambio tecnológico relevante que abarate la energía, la demanda creciente de recursos conducirá inevitablemente a un aumento del coste de las materias primas, entre las que está el principal recurso energético, el petróleo. El primer aviso de la que se avecina se observó en Julio del 2008 cuando el precio del barril escaló hasta 146 dólares el barril (www.iea.org) . Aunque seis meses más tarde bajó estrepitosamente hasta 35 dólares, el efecto sobre muchos estados desarrollados fueron tasas de crecimiento bajas, estancamiento, y hasta recesión en aquellos que tuvieron que adoptar medidas más restrictivas de gasto público. Desde ese momento la tasa de crecimiento del precio del crudo ha sido progresiva hasta alcanzar los 100 dólares actuales, lo que nos sitúa de nuevo a la altura del final del primer trimestre del 2008. La tasa de crecimiento esperada por la Agencia Internacional de la Energía para este año es del 9,4%, y para los próximos cinco años del 54,88%.

Los precios altos del petróleo se traducen de manera directa y escalonada, en un aumento de precios del resto de productos de la economía, sobretodo, el efecto es más importante en los más necesarios ya que son habitualmente los que tienen menos margen. Este efecto se tradujo en una escalada de la inflación y de manera inmediata en la aparición de las políticas monetarias constrictivas aplicadas por los bancos centrales. La tasa de crecimiento del PIB del 2007 en España fue del 3,8%, la del 2008 0,9%. Se corresponden con un tipo del euribor en el 2007 del 3,9%, y en Julio del 2008 alcanzó el 5,4%. En ese año también arrancó la crisis financiera. Entre otros motivos, porque quienes tenía que pagar no podían soportar los tipos tan altos, y porque los bienes que habían ofrecido en garantía habían sido sobrevalorados y no permitían cubrir sus impagos. Esto, unido a que la financiación pública se ha desviado a la recapitalización de los bancos y no al sector productivo, ha dado lugar a que algunos países europeos no han conseguido recuperar las cifras positivas de su crecimiento económico.

¿Pero que países son los que no están viviendo en crisis?, precisamente aquellos que cumplen con alguno de los tres modelos citados anteriormente, los países con reservas de recursos naturales, los que disponen de un proceso productivo de bajo coste, fundamentalmente por el coste de la mano de obra, y los países con más capacidad de innovación y menos dependientes del petróleo para la producción de energía. Así por ejemplo, no hay crisis para los países BRICS han hecho crecer su producto interior bruto en el 2010 a pasos de gigante, estos son: Brasil 7,5%, Rusia 4,0%, India 9,7%, China 10,3%, Sudáfrica 2,8%. Tampoco Estados Unidos, que creció un 2,9%, Alemania 3,6%, Francia 1,5%, Korea del Sur 6,1%, o Japón 5,1% (Fuente www.worldbank.org ). Si bien es cierto que algunos analistas pueden justificar la diferencias entre el crecimiento de EEUU y el de algunos países europeos debido a que mientras que el Banco Central Europeo insistía en mantener tipos altos para contener la inflación, la Reserva Federal ofrecía dinero público gratis; el entorno macro al que se han enfrentado todos los estado miembros es similar. O no?, la respuesta es no. España se sitúa sólo detrás de Irlanda, Italia, Portugal y Bélgica, con una dependencia energética del petróleo cercana al 80%, mientras que la media europea es del 54%.

¿Cuál es nuestro futuro?

Depende de las políticas públicas de nuestro gobierno. En primer lugar debe decir la verdad, y esta es que ya no hay crisis internacional, pero que nuestro país sí está en crisis. La población debe saber que estamos ante un cambio de modelo. Ahora le toca el turno a algunos países, que hasta ahora estaban fuera, convertirse en nuevos comensales del gran banquete de los recursos, y de los bienes y servicios, y a otros que han tenido gobiernos no diligentes y derrochadores, abandonar su lugar como comensales.

¿Qué políticas se deben articular en nuestro país para evitar la expulsión del grupo de privilegiados? En primer lugar, el primer horizonte cierto es que en 5 años el petróleo subirá más de un 50% y posteriormente tambiéncontinuará subiendo. Por tanto, cada minuto que no se ejecute una política pública que tenga como fin cierto cambiar nuestra dependencia energética de este recurso natural y de sus derivados nos cuesta dinero, nos empobrece y hace perder ventaja comparativa a nuestras empresas. Pero además la Unión Europea tiene previsto, a partir de 2013, someter a imposición las emisiones de CO2 derivadas del uso del petróleo y de sus derivados, lo que agravará este efecto. Sin duda, los dirigentes comunitarios saben que una manera de hacer más competitivas sus economías es reducir la dependencia energética del petróleo incentivando el abandono de su utilización. Teniendo en cuenta que cada minuto perdido tiene un coste, una buena manera de favorecer el cambio de modelo energético podría ser utilizar los ingresos obtenidos de la recaudación por CO2 para favorecer el uso de energías alternativas al petróleo que reduzcan nuestra dependencia energética.

Hay tres maneras de mantenerse en el tren del desarrollo económico en una economía global. En primer lugar disponiendo de reservas importantes de recursos naturales, preferiblemente energéticos, disponiendo de una mano de obra barata y de los incentivos fiscales adecuados que atraiga la inversiones de capital extranjero a producir en nuestro país. O bien, convertirnos en un país innovador y altamente eficiente, productiva y energéticamente. En el vagón de primera donde van los países con recursos no podemos subirnos, no al menos con la tecnología que existe hoy día. En el vagón donde van los países con un coste de la mano de obra barata tampoco, y además tampoco es lo deseable. Por tanto, el único vagón donde todavía podemos disputar algún asiento es donde van los países con mayor capacidad de innovación. Son países que sin disponer de recursos energéticos para autoabastecerse, y sin disponer de una mano de obra barata, ni mucho menos, han conseguido ser líderes de la economía mundial al ser capaces de ofrecer bienes y servicios innovadores y fuertemente demandados por el resto de la industria y la población mundial. Y es importante destacar que no son países con un coste de la mano de obra barata, pero en cambio, sí cualificada y con procesos productivos eficientes. Y para esto sí disponemos del recurso necesario, el capital humano. Pero sin embargo, la miopía política nos aleja lamentablemente de esta situación, al menos las cifras son muy reveladoras: en 2006 España invirtió un 1,2% del PIB en innovación, frente a la media del 2% de la Unión Europea, el 2,98 de Japón, o el 2,8 de EEUU. Y aunque con el esfuerzo de todos, nuestro sistema educativo es capaza de generar el potencial humano necesario para la innovación, la falta de visión hace que acaben siendo aprovechados por otros países.

Finalmente austeridad y recorte del gasto público no son sinónimos. La austeridad si implica la ausencia de derroche. La austeridad implica que deban ejecutarse sólo las políticas públicas que aporten una rentabilidad socioeconómica positiva. El recorte del gasto es positivo si se elimina el derroche. Pero en ningún caso se deben dejar de ejecutar políticas públicas que generen una rentabilidad socioeconómica positiva porque en ese caso estaríamos dejando de ganar riqueza. A ninguna empresa se le ocurre no ejecutar un negocio seguro que le vaya a proporcionar una rentabilidad positiva superior al mínimo exigido a sus inversiones.